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Acidificación corporal

Acidificación corporal

Qué es la acidificación corporal, cuáles son sus orígenes y por qué es importante.

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Diversos estudios indican que la mayoría de los habitantes de los países industrializados presentan alteraciones de la relación de las proporciones ácido-base presentando altos niveles de acidificación corporal.

La acidificación corporal, o acidosis metabólica crónica, es el proceso por el que se produce una acidificación progresiva del cuerpo.

Hay diferentes causas, tanto internas como externas, que inducen a que esto suceda. A medida que nos vamos acidificando, el hígado y los riñones van reduciendo su eficiencia como principales centros depurativos (tóxicos ambientales/sustancias liberadas por otros sistemas biológicos que se desarrollan en nuestro interior, estrés/emociones mal gestionadas) lo cual establece un círculo vicioso de por vida a no ser que los limpiemos.

Las causas moleculares que inducen un incremento de acidificación corporal son:

  • La edad (Alpern y Sakhaee, 1997).
  • La ingesta excesiva de proteínas de origen animal, en especial carne y queso (Alpern y Sakhaee, 1997; van den Berget al., 2012; Frassetto et al., 1998).
  • Exposición a tóxicos ambientales (Clay et al., 1975; McMartin et al., 1975; Fischman et al., 1979; McMartin et al., 1980).
  • Moléculas liberadas por microorganismos simbiontes (bajo determinadas circunstancias) (Chang y Kollman, 1989; Suzuki et al., 1992; Ogasawara et al., 2006; Spinucci et al., 2006; Vylkova et al., 2011) o parásitos (Hurley y Taber, 2012; Kaushik et al., 2012; Hallal-Calleros et al., 2013).

La respuesta estrés como consecuencia de la exposición a cualquier tipo de estresor (psicológico/emocional, fisiológico) causa modificaciones moleculares que también inducen/incrementan la acidificación corporal, dando lugar a alteraciones metabólicas, neuroendocrinas, inmunológicas y de comportamiento (Mizock, 1995; Harris, 1998; McEwen, 2004; Leibowitz y Wortley, 2004; Kiank et al., 2006).

Cuando la persona se enfrenta a estrés crónico, la acidosis metabólica crónica deriva en síndrome metabólico (Vaccarino y Bremner, 2006; Depke et al., 2008) caracterizado por obesidad abdominal, incremento de niveles de glucosa y triglicéridos en sangre, presión arterial alta y reducción del colesterol HDL (high-density lipoprotein cholesterol: llamado popularmente como colesterol bueno) en sangre (Vaccarino y Bremner, 2006). Este síndrome se estima que afecta aproximadamente al 25% de lo población de EE.UU. (Ford et al., 2002).

Una clara evidencia de la relación entre el estrés y el síndrome metabólico es que las personas con síndrome postraumático tienen mayor probabilidad de presentar síndrome metabólico (Jakovljević et al., 2008; Heppner et al., 2009; Weiss et al., 2011; Edmondson et al., 2012; Heppner et al., 2012; Bartoli et al., 2013).

Este exceso de compuestos ácidos es tratado por el riñón, siendo la consecuencia fisiológica la reducción de los niveles en sangre de bicarbonato (HCO3-) y de pH.

Debido a que la respuesta de homeostasis del cuerpo es tan efectiva, los niveles de HCO3- y del pH de la sangre se mantienen en condiciones normales con la contrapartida de una pérdida de bicarbonato de los huesos. Sin embargo, esta situación mantenida en el tiempo da lugar a las siguientes patologías: nefrolitiasis, desmineralización de los huesos (osteopenia, osteoporosis), destrucción de proteínas musculares (Alpern y Sakhaee, 1997; Wegeret al., 2000; Pongchaiyakulet al., 2004).

Este proceso inherente al paso del tiempo, siempre y cuando no nos limpiemos por dentro, se complica aún más debido a la aparición en escena de dos actores: Candida albicans y Helicobacter pilory.

Candida albicans es un hongo que vive en nuestros intestinos pero que debido a estrés, antibióticos, etc., consigue perforar el intestino y una vez en la sangre coloniza casi todos los tejidos. La Candida secreta acetaldehído, alcohol y acetona (Chang and Kollman, 1989; Spinucciet al., 2006; Ogasawaraet al., 2006), por un lado, y por otro amonio (Vylkovaet al., 2011) sustancias altamente tóxicas que siguen envenenando todo el cuerpo. Esta situación genera un círculo vicioso de enfermedad contínua.

La ecuación se complica aún más cuando hay activación de Helicobacter pylori en el estómago, ya que esta bacteria también libera más amonio (Suzuki et al., 1992) que acidifica más aún la sangre.

A muchos, los síntomas les resultarán familiares: cansancio y decaimiento permanente, propensión a las infecciones, dolores de cabeza, problemas digestivos o acidez estomacal...

Existen pautas nutricionales y protocolos de limpieza corporal que van a conseguir ir reduciendo la acidificación de nuestros cuerpos, permitiendo así que los perfectos sistemas biológicos de reparación (vigentes en el transcurso de toda la evolución animal hace millones de años) vuelvan a actuar tras el beneficioso proceso de alcalinización.

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